17/04/2020 -  2 minutos de lectura Por Stephanie Vargas

Ahora más que nunca, la frase de Darwin: “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, tampoco es la más inteligente, es aquella que se adapta mejor al cambio” tiene muchísimo sentido. 

La transformación y la creatividad han sido claves para poder sobrellevar el aislamiento de la mejor forma posible; hoy tenemos la oportunidad de llenar de significado cada parte de nuestras nuevas rutinas, si las transformamos en rituales

La búsqueda de la productividad, va más allá del “to do list”

Aunque parezca una práctica religiosa o de una cultura antigua, los rituales nos pueden empujar a transformar una práctica común en un momento especial, que nos acerque a nuestras metas o simplemente que nos haga sentir más presentes. 

Rafael Nadal confesó que su ritual previo a un partido consiste en darse una larga ducha de agua fría, colocarse el uniforme y finalmente su bandada. Esto lo hace con el fin de iniciar su espíritu competitivo y sentirse con más poder, estar presente en el juego. Este es un claro ejemplo que una práctica común, puede convertirse en un momento de presencia con mucho significado. 

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Cuando la empresa de alquiler de autos ZipCar invirtió en el cambio de todas las computadoras de escritorio a computadoras portátiles, invitó a sus colaboradores a destruir con martillos los dispositivos antiguos. De una forma muy significativa, dejaron claro que la empresa se transformaba y que los colaboradores eran parte de este cambio, evolucionaban juntos. 

Margaret Hagan, autora del libro Rituals at Work, explica que los rituales generan satisfacción de alcanzar objetivos, incentivan la conexión entre los miembros del equipo, fomentan la productividad y amplifican la comunicación. Aún así, el principal valor es que siempre involucra algo más, un significado que genera un sentido de pertenencia no solo a un equipo, sino a la compañía. 

A nivel de equipo de trabajo, estas son algunas recomendaciones para generar rituales: 

  • No es necesario que sean exactamente la misma práctica, con un tiempo y lugar definido, más bien debería ser más genuino. Por ejemplo, en las reuniones en lugar de preguntarle a los miembros del equipo cómo se sienten, pueden hacerse dinámicas como las de identificarse con imágenes para explicar cómo ha sido nuestro día. 
  • Si bien todas las llamadas deberían de tener una agenda, pueden hacerse cambios inesperados de corta duración, como preguntar qué han aprendido a cocinar o que compartan su tutorial favorito de YouTube de la semana.
  • Hacer una presentación de “todo sobre mí”, puede servirnos, por ejemplo, para generar conexiones de interés más allá de los entregables laborales. 
  • Desarrollar actividades sobre empatía donde se pueda intercambiar papeles y así, lograr identificarse con otros miembros del equipo, es otro ritual que puede adaptarse. 

Lo importante es siempre estar observando al equipo, identificar qué necesidades se van presentando y generar nuevos rituales. Luego de que sea una práctica constante, es de gran valor incluirlos en la elaboración de los mismos.